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Si satanás le genera problemas, resístalo en victoria


(Lección 8 – Nivel 3)

Si satanás le genera problemas, resístalo en victoria (Lección 8 – Nivel 3)

La batalla ante los estrados judiciales por su jubilación, había iniciado un año y dos meses atrás. Negaron en varias instancias la solicitud. En cada ocasión pedían nuevos documentos, muchos de ellos inexistentes.

Las autoridades pretendían corroborar que durante varios años había ejercido como maestra en una apartada zona campesina, luego como secretaria de un colegio de secundaria y, por último, como auxiliar de educación media. En conjunto veintitrés años al servicio del magisterio.

Ahora negaban su petición de recibir el estipendio mensual producto de la jubilación.

La desesperación la embargó en un comienzo. Encontraba que las secretarias de los juzgados arrugaban el ceño y, en dos ocasiones, le hicieron señas con la mano de que esperara, en tanto terminaban prolongadas conversaciones triviales.

Las funcionarias entendían que era preferible enterarse de cómo había transcurrido la telenovela, la noche anterior, que conocer las intenciones de la docente que tenían enfrente, sudorosa, cansada y abanicándose con unos papeles.

Hasta se había grabado el número de escalones que la separaban del primer piso. Eran ciento trece. Se conocía de memoria cada uno de los pisos e incluso podía describir, con sus ojos cerrados, cuántas puertas, ventanas y escritorios se encontraban en cada lugar. Hasta este punto había memorizado el edificio al que estaba cansada de ir en procura de justicia.

Y justicia fue la que pidió a Dios. Oró. Lo hizo con fervor, bajo el convencimiento de que nadie más que Él puede abrir puertas que jamás se cerrarán, y cerrar puertas que jamás se abrirán.

La querella jurídica se extendió por otras semanas, y aunque por momentos no tenía ni siquiera el dinero para movilizarse hasta los juzgados, llegó el momento de la respuesta: lo que parecía imposible se produjo; la adjudicación de la pensión.

Las autoridades decidieron revisar su caso, y contraria a la opinión de muchos abogados, le concedieron el pago de una mesada mensual...

Preparados para la batalla

La vida no es fácil. Es muy diferente de las imágenes de hombres, mujeres y niños sonrientes que apreciamos en los comerciales de televisión o las propagandas de las revistas.

La existencia está rodeada de momentos agradables, etapas de incertidumbre pero también, de espacios desagradables que son justamente los que nos roban la tranquilidad.

¿Qué hacer frente a esta situación ineludible? Estar preparados. No significa que asumamos una actitud derrotista o con predisposición a lo malo, sino de conservar la calma cuando en el horizonte apreciemos densos nubarrones que anuncian una tormenta.

La ilustración más apropiada para la ocasión, la ofrecen los guerreros. En particular una historia que relata el primer libro de Crónicas, capítulo 5 versículos del 18 al 22, arroja luces sobre la actitud que asume un creyente cuando llegan los problemas.

Guerreros valientes para la batalla

De acuerdo con el relato tres tribus de Israel: los hijos de Rubén y de Gad y la media tribu de Manases, eran “…hombres valientes, hombres que traían escudo y espada, que entesaban arco, y diestros en la guerra, eran cuarenta y cuatro mil setecientos sesenta que salían a batalla.”.

Observe las características que les rodeaban: valientes, listos a pelear en cualquier momento y “diestros en la guerra”.

El origen de muchos conflictos

Cuando estamos inmersos en el tema de la guerra espiritual, es probable que surjan muchos inconvenientes. Unos, por supuesto, los generamos. No podemos negar que cometemos errores.

Otros tienen un carácter espiritual. Son propiciados por el enemigo. Y si hay algo que debemos hacer, es enfrentarlos prendidos de la mano de Jesús el Señor.

No hay problema que no tenga solución, y más cuando vamos tras los pasos de nuestro capitán, Jesucristo.

El enemigo espiritual, si lo confrontamos, debe huir. No sabe hacer otra cosa, como describe el apóstol Santiago: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7)

La oración es un camino expedito para la victoria. Además de permitirnos desarrollar intimidad con el Señor, nos permite mantenernos alerta y con un blindaje alrededor nuestro. Es un poderoso escudo que no podemos ni desconocer ni dejar abandonado.

¿Cuál es su actitud?

Una pregunta clave: ¿Cuál es su reacción cuando surgen las dificultades, generadas muchas de ellas por el enemigo espiritual? ¿Acaso emprende la huida? ¿Está preparado para afrontar las circunstancias, por adversas que parezcan?

Las dos tribus y media a las que se refiere la historia se componían de personas dispuestas a guerrear en cualquier momento. Igual que lo debemos estar nosotros, porque los problemas tocan a la puerta cuando menos los esperamos.

Ellos y también nosotros, como hijos de Dios, tenían todas las condiciones para vencer. Jamás lo olvide: usted y yo somos vencedores. Repítaselo cuantas veces sea necesario hasta que lo asimile en su cotidianidad. Cuando lo hacemos, absolutamente nada nos tomará por sorpresa.

Enfrentando las dificultades

Llama poderosamente la atención del avestruz que cubre su cabeza a ras de tierra. Igual que muchas personas que asumen, de forma errada, que eludir enfrentar las dificultades, ayuda en algo. Por el contrario, en la mayoría de los casos los problemas se dimensionan.

¿Qué hicieron los israelitas? Se dispusieron a poner cara a las dificultades. Algo así como “tomar el toro por los cachos”, alusión que se hace en Latinoamérica a quienes deciden salir al paso de los tropiezos en procura de encontrar una salida oportuna y eficaz.

Las batallas hay que darlas, así como los problemas hay que enfrentarlos. Y si los tropiezos son generados por el enemigo espiritual, debemos salirles al paso para derribar toda barrera que se levanta alrededor nuestro para impedirnos avanzar.

Las Escrituras relatan que “Estos tuvieron guerra contra los agarenos, y Jetur, Nafis y Nodab” (1 Crónicas 5:19).

Salir de huida no era lo más aconsejable. Y lo comprendieron a tiempo. Igual nosotros los cristianos: bajo ninguna circunstancia podemos salir corriendo. Quien está con nosotros, el Señor Jesucristo, es más poderoso y ya venció al adversario en la cruz.

Batallas en oración

¿Qué hicieron entonces? Lo que usted y yo estamos llamados a hacer en estos casos: orar a Dios.

Cuando las batallas las libramos en clamor delante del Padre, el Señor toma control de todas las cosas. “Y fueron ayudados contra ellos, y los agarenos y todos los que con ellos estaban se rindieron en sus manos; porque clamaron a Dios en la guerra, y les fue favorable, porque esperaron en él.” (1 Crónicas 5:20).

Él es quien nos da la victoria. En nuestras fuerzas renunciaremos pronto, en las fuerzas de Dios iremos hasta el final.

Esperar sin desesperar

Reviste particular significación el hecho de que lograron vencer “… porque esperaron en él.” (1 Crónicas 5:20 b).

¿Comprende lo que significa? Aunque en lo más profundo de su corazón deseaban que la respuesta se produjera ya, esperaron.

Durante el tiempo en que no veían nada diferente a las dificultades, la fe que gobernaba su corazón les permitió guardar la calma. Sabían que el Señor Dios respondería.

Los resultados son favorables si la guerra es de Dios

Hay momentos en que quisiéramos resolver las cosas a nuestra manera. Esa es la razón por la cual, después de orar, obramos en las fuerzas que nos acompañan. ¡Error enorme!

Los hijos de las tribus de Rubén, Gad y Manases hicieron lo que les correspondía: enfrenta la adversidad de la guerra, pero ir asidos de la mano del Creador. La respuesta no tardó: “Y tomaron sus ganados, cincuenta mil camellos, doscientas cincuenta mil ovejas y dos mil asnos; y cien mil personas. Y cayeron muchos muertos, porque la guerra era de Dios; y habitaron en sus lugares hasta el cautiverio.” (1 Crónicas 5: 21, 22).

Se da cuenta de lo que ocurrió? La batalla era de Dios. Y ese hecho aseguró una extraordinaria victoria.

Igual con su vida. Es probable que enfrente momentos sumamente traumáticos y en medio de la desesperación, incluso enfrentando ataques del enemigo espiritual, y piensa que nada ni nadie podrá cambiar las circunstancias.

Sin embargo, quiero recordarle que ese Alguien que responderá con poder a sus necesidades, es Dios.

¿Qué hacer? Primero, guardar la calma para que la angustia no nos embargue; segundo, orar al Padre en procura de su ayuda divina; tercero, tener fe dejando de lado toda sombra de incredulidad, y por último, esperar en Él. Nos concederá la victoria, sin duda...

Preguntas para evaluar la Lección 8:

Es importante que al terminar de estudiar la Lección se formule unas sencillas preguntas de repaso:

a.- En materia de guerra espiritual, ¿cuáles cree usted que son las características que rodean a un soldado de Cristo?

b.- ¿Qué le enseña en su condición de guerrero espiritual el texto de Santiago 4.7?

c.- Cuando surgen problemas, muchos de ellos generados por el enemigo espiritual, ¿qué debemos hacer?

d.- ¿Se fortalece usted en la oración para librar las batallas espirituales?

e.- A propósito de la oración, ¿con cuánta frecuencia busca el rostro del Señor en oración?

f.- ¿Tiene claridad en su corazón que las grandes batallas las libramos y las ganamos tomados de la mano del Señor Jesús?


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