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Territorios ganados mediante guerra espiritual


(Parte 1)

Territorios ganados mediante guerra espiritual (Parte 1)

Insólito. Una palabra que resume lo que ocurría en la calle del muerto. Larga, angosta, con baches en el asfalto, como si se tratara de un trágico escenario después de un bombardeo en Beirut.

Ocurrió de todo desde accidentes de tránsito, pasando por crímenes agotados en la vida de incautos transeúntes, hasta incidentes de violencia intrafamiliar que estallaban de manera sorpresiva e inexplicable.

Vivir en este barrio es un infierno — , comentó doña Mélida mientras se abanicaba con una revista, un atardecer caluroso y monótono como la función de un payaso triste.

No creo que podamos hacer mucho— le respondió su marido, mirando en la distancia a dos niños que jugaban a la pelota, despreocupados de todo y de todos.

Sí, pues no podemos quedarnos quietos mientras que este sector que me vio crecer, otrora tranquilo y amañador, año por año se deja ganar terreno por la maldad— interrumpió la nieta.

Tú y tus cosas de religión — -cuestionó la abuela, arrugando el ceño y mirándola a través de los anteojos, gruesos y grandes como lentes de telescopio.

— No, abuelos. No es asunto de religión. Es simplemente recobrar el terreno que nos ha venido ganando Satanás— explicó la muchacha. Había logrado captar la atención de los ancianos.

Tonterías de fanáticos religiosos— desestimó su abuelo con el característico movimiento de mano, que igual denotaba indiferencia o desdén.

Te equivocas, abuelo— dijo ella.— Nos movemos en dos dimensiones: una física y la otra espiritual. Y la espiritual ejerce influencia en la dimensión física. Es la mejor explicación para lo que está ocurriendo en la cuadra. Tanta violencia y muerte no son algo lógico —. La joven ponía énfasis en cada una de sus palabras.

Déjala que nos explique… — salió al paso la abuela cuando adivinó el deseo de su marido, de irse hacia la sala. Tantos años de compartir la vida juntos le permitía casi anticiparse a lo que haría él.

Hablaron por largo rato. La chica les detalló qué decía la Biblia al respecto. Ella comenzó orando, inicialmente en la soledad de su cuarto, en procura de recuperar el territorio en manos de Satanás. En menos de tres semanas otros cristianos comprometidos, se sumaron a su tarea, haciendo caminatas de oración y clamor, ungiendo todos los rincones y fachadas de las casas con aceite.

Aunque muchos se reían al verlos, no pudieron ignorar los cambios que se produjeron en el sector. Los índices de violencia se redujeron dramáticamente y dos antros que funcionaban cerca, cerraron sus puertas. Ni siquiera los propietarios podían explicar qué los impulsaba a moverse a otro lugar. ¡Los cristianos retomaron el control de la zona!

La lucha de dos mundos

Aun cuando muchas personas se resistan a aceptarlo, se libra una batalla entre dos mundos con características particulares: el físico y el espiritual. Y desde los dos, hay una interacción. En cierta ocasión el Señor Jesús, al recibir la declaración del apóstol Pedro sobre su divinidad, le dijo: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo. ” (Mateo 16:18-20 )

Esa prerrogativa fue dada a los cristianos. Desde la dimensión material en la que nos movemos usted y yo, impactar la dimensión espiritual. Si clamamos, que lo hacemos desde la dimensión física, recibimos respuesta desde la dimensión espiritual, proveniente de Dios (Cf. Mateo 6:10). Igual cuando se trata de impactar las huestes de maldad. Si bien es cierto lo hacemos desde la dimensión física, Satanás y todos sus secuaces tienen que darse a la huida porque les estamos golpeando a través de un mecanismo poderoso como es la oración.

Cuando los cristianos tomamos conciencia de esta realidad, se producen unos cambios extraordinarios en el medio que nos circunda. ¡Podemos recobrar los territorios que nos robó Satanás con sutileza y engaño! Piénselo: su nación, su provincia, su ciudad e incluso, el sector que habitan, pueden ser gobernados plenamente por Jesucristo si desde ya nos damos a la tarea de enviar en derrota todas las huestes de maldad que hoy dominan como consecuencia del pecado del género humano (Cf. Santiago 4.7)

Debemos tomar posesión de los territorios

Cuando Dios nos concede algo, por ejemplo nuestra familia a quienes somos creyentes, debemos obrar en fe y posesionarnos de todo cuanto nos fue legado. Declararlo con las palabras y creerlo con el corazón.

Encuentro una excelente ilustración de este punto cuando se produce la muerte de Moisés y Josué— su más cercano colaborador— es encargado de llevar el pueblo de Israel a la tierra prometida. Dios fue explícito cuando le transfiere la misión pero a la vez, el poder y la autoridad: “Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. ” (Josué 1:2-4).

En el pasaje Dios declara que todo territorio que pisaran— es decir, de los cuales tomaran posesión— lo entregaba en su poder. El asunto no solo era que dijeran: “Esa tierra nos pertenece”, sino que tomaran posesión de ella. Que dieran la batalla, no en sus fuerzas sino en las del Señor.

Piense por un instante en el territorio que habita: ¿Hay violencia? ¿Drogadicción? ¿Promiscuidad sexual? ¿Muertes? ¿Brujería? Ahora, en el plano personal: ¿Enfrenta obstáculos? ¿Ataques en su vida espiritual? Y, qué decir de su familia: ¿Se dificulta que su cónyuge, hijos y familiares reciban el mensaje de Salvación? ¿Alguno de sus allegados está sometido a las drogas o aun comportamiento moral riesgoso?

Si es así, mi pregunta obligada antes de proseguir con el Estudio Bíblico es: ¿Qué está haciendo usted para recobrar ese territorio que Satanás ha robado con engaño y sutileza? Es suyo, como lo es su familia y las bendiciones prometidas por Dios para su existencia— por ejemplo — , pero por asumir una actitud pasiva frente al asedio y ataques del adversario espiritual, ha cedido espacios que hoy debe recobrar. ¡La batalla será victoriosa porque no vamos a pelear nosotros solos, sino con Jesucristo como nuestro poderoso capitán!

Tenga presente que Dios le dijo a Josué y también a nosotros hoy, que es necesario tomar posesión del terreno. No resignarnos sino tomar lo que nos pertenece. Dar la batalla desde el mundo material, impactando la dimensión espiritual. ¡Toda atadura debe romperse!

Creer y obrar, clave para materializar las promesas

La guerra espiritual tiene dos cimientos muy valiosos. El primer creer en las promesas de Dios. El segundo, actuar. Están estrechamente ligados. Por ese motivo Josué y los israelitas se decidieron a avanzar en esa dirección: creer y obrar. Cruzar el río Jordan era un primer obstáculo. Dios les prometió que al tomar posesión, es decir, cuando sus pies tocaren las aguas, se produciría el milagro. “Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón.” (Josué 3:13).

Sin duda para muchos debió ser aterrador tener ante sus ojos la majestuosidad de este enorme río. Pero ¡Creían lo que Dios les anunció! Por eso recibieron la victoria al atravesar lo que había sido una enorme mole de agua: “Y aconteció que cuando los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová subieron de en medio del Jordán, y las plantas de los pies de los sacerdotes estuvieron en lugar seco, las aguas del Jordán se volvieron a su lugar, corriendo como antes sobre todos sus bordes.” (Josué 4:18)

Su familia, las propiedades, el trabajo, el sector que habita, la ciudad y la nación, son para Cristo. Le corresponde a usted tomar lo que es suyo. No permita que Satanás siga usurpando lo que el Señor le otorgó. No se conforme. ¿Por qué ver a sus hijos inmersos en drogas, su matrimonio en ruinas, los recursos económicos yéndose al drenaje y la sociedad en la que usted se desenvuelve sumida en el caos?


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