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Cómo ser libres de las ataduras y maldiciones demoníacas

Cómo ser libres de las ataduras y maldiciones demoníacas

Millares de personas se encuentran atadas por satanás. Unas a las enfermedades, otras a algún tipo de vicio, hay quienes sienten que no pueden escapar al adulterio y muchos aseguran que les persigue la ruina.

Mi vida es un caos. En la familia no experimento sosiego, siempre halló problemas. Mi economía está en crisis. La existencia se me ha convertido en un infierno”, me escribió desde ciudad de México una mujer que estaba experimentando las consecuencias de abrir puertas al mundo de las tinieblas.

Por años consultó al tarot, acudió a brujas y, en alguna ocasión cuando su esposo amenazó con abandonarla, pagó para que le hicieran un hechizo.

No darle espacio a satanás

Las maquinaciones de satanás son diversas. Es hábil en urdir estratagemas. Por ese motivo, el apóstol Pablo advirtió a los creyentes de Éfeso: “…ni deis lugar al diablo.” (Efesios 4:27)

¿Cuándo lo hacemos? Cada vez que permitimos que el enemigo gane ventaja. Cuando de manera consciente e inconsciente abrimos puertas al ocultismo.

Tenemos asegurada la victoria

Aun cuando el enemigo espiritual pretenda vender la idea de que posee un poder ilimitado, es mentira. Él está vencido. Lo venció el Señor Jesús en la cruz.

Bajo esta certeza, el apóstol Juan escribió: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.” (1 Juan 3:8)

Usted y yo podemos romper todo acuerdo o pacto con satanás y sus huestes. Recuerde siempre que Jesús el Señor apareció para deshacer las obras del diablo.

Rompa las maldiciones generacionales

Quizá alguien en su familia, hace muchos años o, tal vez un siglo atrás, pactó con los demonios. Probablemente realizaron prácticas ocultistas que contaminaron generaciones enteras.

A ese aspecto se refiere el autor sagrado cuando escribe:

“Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: !!Jehová! !!Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.” (Éxodo 34:6, 7)

Es prendidos de la mano de Dios, sujetos a Él como rompemos esas maldiciones generacionales.

¿Qué consecuencias se derivan de abrir puertas a maldiciones generacionales?
  • Enfermedades mentales y emocionales.
  • Enfermedades crónicas como cáncer, diabetes, glaucoma y artritis, entre otras (Deuteronomio 28:21, 22)
  • Familias en crisis, disfuncionales (Deuteronomio 28:41)
  • Ruina y crisis económicas permanentes (Deuteronomio 28:17-29)
Muchas de las puertas son el producto de los pecados deliberados y reiterados y de aquellos que cometemos quizá sin proponérnoslo.

¿Qué áreas se afectan en nuestra vida?

Cuando se abren puertas al ocultismo o quizá hemos sido víctima de maldiciones generacionales, hay cuatro áreas que se ven afectadas:
  • La mente
  • La vida sexual
  • La voluntad
  • La salud
No es en nuestras fuerzas como podemos vencer, sino prendidos de la mano de Jesucristo, nuestro amado Salvador, quien venció en la cruz.

Cristo Jesús rompe las cadenas

No crea las mentiras de satanás. Si alguna vez hizo algún tipo de convenio con él, le abrió puertas o cedió terreno, o tal vez se siente oprimido por una maldición generacional, es tiempo de romper esas cadenas.

El apóstol Pablo escribió:

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.” (Colosenses 2:13-15)

Usted tiene asegurada la victoria. Basta que renuncie a todo aquello que le ha mantenido atado. Ríndase a Jesucristo. Declare que Él es su libertador.

Si lo hace, podemos asegurarle que emprenderá una nueva vida. Libre, totalmente libre.

Decídase hoy por Jesucristo. Si aún no lo ha recibido en su corazón como su único y suficiente Salvador, es hora de que lo haga.


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