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El aborto: Puerta a la posesión e influencia demoníaca


(Parte 2)

El aborto: Puerta a la posesión e influencia demoníaca (Parte 2)

De la totalidad de abortos practicados en Norteamérica, el 98% constituyen para quienes se lo practican, un método de control de natalidad y sólo el 2% proviene de madres que han sido violadas o abusadas con incesto.

De cada 100 interrupciones voluntarias del embarazo, 26 son asumidos por adolescentes y al menos 40, por personas con menos de 30 años. El 50% de las mujeres que abortaron, reinciden en la práctica, lo que ha llevado entre otras cosas a que en la década de los noventa la principal causa de mortalidad— con un 46% — fuera justamente el aborto.

Tan solo en Estados Unidos funcionan más de 3.000 clínicas ilegales y legales de aborto, sin contar con el subregistro que es muy grande y difícil de cuantificar. Pero hay algo más, que sirve de anticipo a lo que considero, y es que detrás del aborto se mueven espíritus del mundo de las tinieblas, y específicamente el dios antiguo amonita, Moloc: abortar acrecienta en un 50% el riesgo de contraer cáncer y si la mujer es menor de 18 años, la probabilidad llega al 150%. Y, ¿quiere más? Según estadísticas que manejan autoridades de salud norteamericanas, el 60% de las mujeres que acuden al aborto tienen tendencia suicida.

¿Quién es el dios Moloc?

Moloc, heb. Môlek , era un dios pagano al que se le ofrecían sacrificios humanos, especialmente bebes. Lo adoraban los amonitas pero hay registros históricos de su presencia en la cultura religiosa asirio-babilónica del mundo subterráneo. Además de su nombre original, se le llamaba también Milcom (1 Reyes 11:7).

Los hebreos no solo conocían de su existencia, sino que según Amós 5:26, pareciera que lo adoraban clandestinamente. Dios les advirtió que la ley mosaica prohibía terminantemente dedicar los hijos a Moloc (2 Reyes 23:10) y condenaba a muerte a quienes transgredieran esta ley (Levítico 18:21; 20:1-5). No obstante, los israelitas con frecuencia siguieron esta práctica (Jeremías 7:31; 19:4, 5; 32:35; Ezequiel 16:21; 23:37, 39). Acaz y Manasés quemaron a sus hijos en el alto de Tofet, en el valle de Hinom, al sur de Jerusalén (2 Crónicas 28:1, 3; 33:1, 6), pero el piadoso rey Josías destruyó este lugar para que no se lo pudiera usar más (2 Reyes 23:10).

Fruto de su adoración a esta divinidad pagana, que personalmente considero es una potestad de las tinieblas que sigue latente a través de los siglos –recuerde que para los demonios no hay limitación de tiempo y lugar — , los amonitas llegaron al extremo de pedir la vida de los fetos cuando incursionaban en una ciudad: “El SEÑOR dice: Los habitantes de Amón han aumentado maldad sobre maldad, así que no los dejaré sin castigo. Para ensanchar sus fronteras llenaron de terror a todo el mundo, incluso abrieron el vientre de las mujeres embarazadas que vivían en Galaad.” (Amós 1:13. Nueva Biblia al Día)

Y además de declarar estas prácticas como abominación, que traen juicio, Dios ha sido claro en condenar el que se ataque a los inocentes. Los fetos son seres que no se pueden defender y Dios los ama muchísimo: “¿Pueden los gobernantes injustos decir que tú estás de su parte; gobernantes que se apoyan en sus propias leyes para hacer maldad? Ellos acusan a la gente recta y condenan a muerte al inocente.” (Salmos 94:20, 21. Nueva Biblia al Día)

Si bien es cierto la Biblia no menciona el término específico aborto , si se refiere en condenación al asesinato. ¿Qué es el aborto? Es acabar con la vida de seres inocentes.

Dios ama a los niños

Para nuestro amado Dios los niños son muy valiosos. Viene a la memoria la escena –realmente una de muchas— en la que el Señor Jesús relevó la condición de la niñez por su inocencia y pureza: “En aquella ocasión, los discípulos le preguntaron a Jesús cuál de ellos ocuparía el cargo más importante en el reino de los cielos. Jesús llamó a un niño de los que andaban por allí y lo sentó en medio de ellos. Entonces les dijo: Si no se vuelven a Dios, arrepentidos de sus pecados y con sencillez de niños no podrán entrar en el reino de los cielos. En otras palabras, el que esté libre de altivez como este niño tendrá un puesto importante en el reino de los cielos.” (Mateo 18.1-4, Nueva Biblia al Día)

Satanás está vivamente interesado en dañar a la niñez. Recuerde por ejemplo que para frenar la expansión del pueblo hebreo, Faraón ordenó la muerte de los niños en todo el territorio egipcio, influenciado sin duda por Moloc (Exodo 1:15-22). En los tiempos de Jesús, Herodes hizo lo mismo al disponer el asesinato masivo de infantes (Mateo 1:16-18)

En nuestro tiempo esa misma potestad del mundo de las tinieblas está avivando la aceptación del aborto, una práctica cruel de asesinato, convenciendo a millares de mujeres que es el único camino.

El ministro de liberación John Eckardt, autor de varios libros y residente en Rossmoor, Illinois, explica: “El diablo a menudo les tendió a las mujeres una trampa, haciéndoles creer que con el aborto se solucionaban sus problemas. El enemigo le dará a las mujeres toda clase de razones por las cuales el abortar es la única respuesta: que no pueden sostener financieramente al niño; que el pequeño va ha interrumpir sus estudios, o tal vez que el hijo ilegítimo a tener vergüenza. El enemigo va ha intentar utilizar cualquier número de medios para convencer a las mujeres que tener un aborto hará que todas las cosas estén bien. Pero el diablo es un mentiroso. En lugar de resolver los problemas de las mujeres, un aborto obra para multiplicarlos.” (John Eckardt. “¿Cómo ministrar liberación? Editorial Peniel.2006, pg. 214)

Cuando alguien aborta, abre las puertas a los demonios. Esa es la razón por la que se produce la influencia o posesión demoníaca. A partir de ese momento la persona enfrenta crisis de conciencia, sensación de culpa, desasosiego, ruina económica, revés espiritual e incluso, como en el caso de Lucía, llega a escuchar voces que la atormentan. ¿La razón? A Satanás se le abrió una puerta y considera que tiene derecho legal para infligir dolor emocional y físico, teniendo en cuenta que en un alto porcentaje de los casos, las mujeres que abortaron se ven abocadas a numerosas enfermedades.

¿Y el hombre? También quien propició la cesación voluntaria y unilateral de una vida, en este caso una criatura en proceso de formación, se ve contaminado espiritualmente por el poder de las tinieblas que opera en el aborto.

¿Qué se debe hacer?

Si tenemos en cuenta que Dios nos vio en el vientre de nuestra madre, desde el momento que fuimos concebidos, a tal punto que el rey David escribió: “Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.” (Salmos 139:5, 13, 15, 16) , entonces debemos reconocer que el aborto no es desconocido para Él y no en vano condenan las Escrituras el cegar la vida de un ser vivo.

Cuando alguien posesión o influencia demoníaca por el aborto, quiere salir de esa espiral en que le sumió el mundo de las tinieblas, debe renunciar y arrepentirse a su práctica. Recuerde que la Biblia enseña que “El que disimula su pecado no prosperará; pero el que lo confiesa y lo deja, obtendrá misericordia.” (Proverbios 28:13, Nueva Biblia al Día)

Arrepentirse, pedir perdón a Dios y apartarse del mal camino, son los pasos a seguir. La persona misma debe declarar a Satanás fuera de su vida, sin permitirle que él tome ventaja haciéndole creer que jamás será perdonada. Recuerde las Escrituras cuando nos enseñan que “…Jesús se hizo hombre para quitar nuestros pecados…” (Juan 3.5, Nueva Biblia al Día)

Hay perdón y liberación en Jesucristo. El aborto es un pecado, y abre puertas al mundo del mal, pero en nuestro amado Salvador Jesús se rompen las cadenas y se puede emprender una nueva vida.

Le invito para que tome la decisión más importante de su vida: Recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Dígale en oración que le abre las puertas de su corazón. Puedo asegurarle que el poderoso Redentor transformará su existencia.


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