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Fundamentos para librar las batallas espirituales


(Parte 1)

Fundamentos para librar las batallas espirituales (Parte 1)

Cuando miramos el sacrificio del Señor Jesús en la cruz, quizá giramos alrededor de muchos elementos pero no enfatizamos en el más importante: Cristo venció a satanás en la cruz.

En la Biblia leemos:

"Ustedes estaban muertos a causa de sus pecados y porque aún no les habían quitado la naturaleza pecaminosa. Entonces Dios les dio vida con Cristo al perdonar todos nuestros pecados. Él anuló el acta con los cargos que había contra nosotros y la eliminó clavándola en la cruz. De esa manera, desarmó a los gobernantes y a las autoridades espirituales. Los avergonzó públicamente con su victoria sobre ellos en la cruz." (Colosenses 2:13-15. NTV)

Si el adversario espiritual está vencido, lo que nos corresponde a usted y a mí es batallar en la certeza de que, gracias a Él, nuestro amado Salvador, tenemos asegurada la victoria.

No es asunto de conocimiento sino de autoridad

Con frecuencia me abordan y escriben personas con interrogantes alrededor de los secretos que encierra la liberación de una persona endemoniada.

Mi respuesta es directa: “Primero, no hay tales secretos y, segundo, ministrar liberación no es asunto de gritarle al demonio ni tampoco de zapatear creyendo que así saldrá huyendo. Ante todo es cuestión de ejercer la autoridad de Cristo”.

Hace siglos nuestro amado Señor Jesús dijo a sus discípulos:

"Los setenta regresaron con gozo, diciendo: Señor, hasta los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y El les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado autoridad para hollar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada os hará daño. Sin embargo, no os regocijéis en esto, de que los espíritus se os sometan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos." (Lucas 10:17-20, La Biblia de Las Américas)

Lo invito para que lea detenidamente el texto. Los seguidores del Maestro estaban exultantes de gozo porque dominaban sobre el mundo de las tinieblas, pero el Señor Jesús les dijo que no sólo podían hacer eso, sino nada les haría daño. Es decir, aunque Satanás y sus huestes librara ataques contra ellos –y contra nosotros hoy— no podría causarles daño ni en lo material ni en lo espiritual.

En este punto es importante que nos preguntemos: ¿Estamos ejerciendo nuestra autoridad en Cristo? Ya descubrirá por qué es necesario formularnos este interrogante…

Satanás sabe quién es quien

Ante el ambiente sensacionalista que gravita en torno a los guerreros espirituales, hombres y mujeres que batallan en el poder de Jesucristo y ministran liberación espiritual y física, abundan quienes posan de ser “miembros del Ejército de Cristo”. Incluso, hay quienes buscando reconocimiento y admiración, se atreven a “alborotar avisperos", como solemos decir en Latinoamérica, rentando el mundo de maldad.

Esa actitud un tanto irresponsable no es nueva. La Biblia relata que “Algunos judíos que andaban expulsando espíritus malignos intentaron invocar sobre los endemoniados el nombre del Señor Jesús. Decían: «¡En el nombre de Jesús, a quien Pablo predica, les ordeno que salgan!»14 Esto lo hacían siete hijos de un tal Esceva, que era uno de los jefes de los sacerdotes judíos. Un día el espíritu maligno les replicó: «Conozco a Jesús, y sé quién es Pablo, pero ustedes ¿quiénes son?» Y abalanzándose sobre ellos, el hombre que tenía el espíritu maligno los dominó a todos. Los maltrató con tanta violencia que huyeron de la casa desnudos y heridos." (Hechos 19:13-16, Nueva Versión Internacional)

Es un pasaje que siempre llama poderosamente mi atención ya que pone al descubierto que Satanás sabe quién es quien. Él más que ninguno sabe si usted ejerce autoridad en Cristo o si por el contrario, fanfarronea con un poder espiritual que no posee.

Buscando en las Escrituras encontramos por lo menos siete fundamentos que deben identificar a un Guerrero Espiritual, los cuales comparto con usted:

1. Sometimiento a Dios

Solamente cuando nos rendimos a Dios, sometiéndonos en la totalidad de nuestro ser, consagrados a Él, nos afianzamos en autoridad espiritual. El apóstol Santiago lo explicó de manera contundente al escribir: "Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes." (Santiago 4.7, Nueva Versión Internacional)

¿Cómo podemos representar y obrar en nombre de Aquél a quien no estamos consagrados? Imagine por un instante a un guarda de tránsito que, en su motocicleta y justo en una intersección vial peligrosa, se pasa un semáforo en rojo. ¿Tendría autoridad? Por supuesto que no.

El evangelista internacional, Carlos Annacondia escribe:
"Ninguno de nosotros puede desarrollar un ministerio eficaz si no rendimos toda nuestra vida a Él. Dios no solo busca capacidad o sabiduría, sino consagración y entrega a Él. Lograr esto no es fácil, requiere luchas y demanda de nosotros una total entrega y muchas otras cosas que nos cuesta ceder… Si no hay una entrega total en nuestra vida, Él no nos puede usar."(Annacondia, Carlos. "Oíme bien, Satanás". Editorial, EE.UU. 1997. Pg. 44, 45)
2. Resistir al diablo, sin temor

A Satanás hay que resistirle. Bien lo anotaba el apóstol Santiago, como acabamos de leer. Hay que echarlo fuera, sin temor. Él huye, porque sabe muy bien cuando se encuentra frente a un hombre o una mujer de Dios.

3. Consagración a la obra

Resulta lamentable que al iniciar en el ministerio de Guerra Espiritual, muchos hombres y mujeres manifiestan entusiasmo; no es para menos, despiertan a una dimensión sobrenatural en la que antes no se habían desenvuelto. Todo resulta novedoso, atrayente y deslumbrador. Sin embargo, pasado un tiempo, dejan de orar y su desenvolvimiento ministerial se torna mecánico.

El apóstol Pablo en su primera carta a su discípulo Timoteo le instruyó: “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente." (2 Timoteo 2:3-5, Reina Valera 1960)

Puede que haya muy buenos programas en la televisión o que quizá tengamos una invitación a un evento de integración ministerial o familiar; pero usted y yo, en nuestra condición de Guerreros Espirituales, tenemos claro nuestro compromiso con Dios y obligatoriedad de consagrarnos a Él. Por eso es en Su presencia donde debemos permanecer.

Comparto con usted la respuesta de Cindy Jacobs cuando le preguntaron cuánto tiempo oraba. Su respuesta me admiró y debe ser sin duda, la respuesta que debemos dar: “Oro cuanto más tiempo pueda”. (Cf. 1 Tesalonicenses 5.17)

Quizá sea la primera vez que se acerca a estos temas y desconoce que el paso más importante para vencer es que usted reciba a Jesús como su Señor y Salvador. Puedo asegurarle que es una decisión de la que jamás se arrepentirá. Ábrale hoy su corazón a Jesucristo y permita que tome el control de su existencia... No dilate más ese paso que marcará una diferencia en su presente y en la eternidad.


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