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Invada los territorios sobre los que domina satanás

Invada los territorios sobre los que domina satanás

Corría el año 55 de nuestra Era, cuando el apóstol Pablo, quien se encontraba en Corinto, decidió ir hasta el puerto comercial de Éfeso. Se reunió con varios creyentes, a quienes explicó en detalle el Evangelio transformador de Jesucristo. Una vez despejados sus interrogantes, se bautizaron (Cf. Hechos 19:5, 6), y recibieron el Espíritu Santo.

Hasta allí, normal. Un relato alentador de la extensión del Reino de Dios en Asia menor. Incluso, compartió el mensaje en la Sinagoga por espacio de tres meses.

Cuando se produjo la oposición— que nos interesa analizar porque tiene aplicabilidad en nuestro tiempo— decidió cambiar de escenario: “…pero algunos se pusieron tercos, rechazaron el mensaje y hablaron públicamente en contra del Camino. Así que Pablo salió de la sinagoga y se llevó a los creyentes con él. Entonces asistía diariamente a la sala de conferencias de Tirano, donde exponía sus ideas y debatía. Esto continuó los siguientes dos años, de modo que gente de toda la provincia de Asia — tanto judíos como griegos— oyó la palabra del Señor.” (Hechos 19:9, 10, Nueva Traducción Viviente)

¿Por qué tantos obstáculos? Porque el apóstol Pablo estaba invadiendo el territorio mismo de Satanás. Éfeso era una fortaleza del ocultismo.

Recordemos que la diosa Diana o Artemisa, a quien se veneraba en aquella ciudad, es una deidad que por siglos estuvo presente en el oriente medio y lejano. Se la representaba como la madre de los dioses.

Millares de personas visitaban anualmente el templo donde se le adoraba. La enorme estructura –de aproximadamente 400 metros cuadrados — cuya construcción inició en el año 356 a.C., tomó 120 años para su terminación. Las dimensiones de la edificación abrían lugar para acoger a más de quinientos de sus seguidores en las ceremonias que se realizaban en su honor y que, por supuesto, estaban revestidas de prácticas ocultistas.

Los rituales que se desarrollaban, plagados de sensualidad, procuraban asegurar la fertilidad y la prosperidad. También la asociaban con la guerra y la caza, en consonancia con su historia dentro de la mitología griega.

Este demonio que movía mucho dinero e intereses en Asia menor, se vio amenazado por la avanzada evangelizadora emprendida por el apóstol Pablo.

La confrontación de los Reinos de Dios y de las tinieblas

La presencia de Pablo en Éfeso despertaba reacciones encontradas. Y aun cuando se levantaban ataques en su contra, Dios le respaldaba con poder. “Dios le dio a Pablo el poder para realizar milagros excepcionales. Cuando ponían sobre los enfermos pañuelos o delantales que apenas habían tocado la piel de Pablo, quedaban sanos de sus enfermedades y los espíritus malignos salían de ellos.” (Hechos 19:11, 12. Nueva Traducción Viviente)

Al paso del apóstol, el mundo de las tinieblas era conmovido. Los demonios salían de las personas y la fortaleza espiritual que gobernaba el territorio de Éfeso, entró en batalla, desplegando toda su artillería de maldad.

La sucesión de hechos, trajo como consecuencia la conversión de muchas personas que habían estado atadas por el ocultismo. “…Un temor solemne descendió sobre la ciudad, y el nombre del Señor Jesús fue honrado en gran manera. Muchos de los que llegaron a ser creyentes confesaron sus prácticas pecaminosas. Varios de ellos, que practicaban la hechicería, trajeron sus libros de conjuros y los quemaron en una hoguera pública. El valor total de los libros fue de cincuenta mil monedas de plata. Y el mensaje acerca del Señor se extendió por muchas partes y tuvo un poderoso efecto.” (Hechos 19:17-20, Nueva Traducción Viviente)

¿Le sorprende la oposición que enfrenta cuando está desarrollando actividades de evangelización en su ciudad o barrio? Es apenas previsible cuando trata de recobrar áreas geográficas por años o siglos en poder de Satanás y sus huestes.

Quizá haya pensado renunciar ante los múltiples ataques en su contra e incluso, de su familia. Todos en cierta medida enfrentamos esa tentación; sin embargo, es apropiado recordar lo que escribió Pablo al rememorar sus batallas por derribar la fortaleza espiritual de maldad en Éfeso para afianzar el Evangelio de Cristo:

“Creo que deben conocer, hermanos, las tribulaciones que pasamos en Asia. Nos vimos aplastados bajo tanta presión, que temíamos no salir de allí con vida. Nos pareció que estábamos sentenciados a muerte. Pero eso sucedió para que no confiáramos en nosotros mismos sino en Dios, que puede hasta resucitar a los muertos. Él nos libró de la muerte y de la misma manera nos volverá a librar cuando sea necesario. En él hemos puesto nuestra esperanza. Pero ustedes nos ayudaron también con sus oraciones, y juntos podremos elevar alabanzas a Dios al contestar él los ruegos por nuestra seguridad.” (2 Corintios 1:8-11; Cf. 1 Corintios 15:33, Nueva Biblia al Día)

¿Comprende ahora que asumir nuestro papel como intercesores y guerreros espirituales? No se llame a equívocos ¡No será fácil! Pero…. No podemos eludir el compromiso… Lo hacemos, o lo hacemos… No hay alternativa…

Batallando con armas espirituales

Las Escrituras enseñan que, mientras decenas de personas rompían toda relación con el ocultismo en Éfeso, renunciando a sus ataduras espirituales, los adoradores de la diosa Diana articularon ataques directos para impedir la proclamación de las Buenas Nuevas: “Comenzó con Demetrio, un platero que tenía un importante negocio de fabricación de templos de plata en miniatura de la diosa griega Artemisa. Él les daba trabajo a muchos artesanos.. Pronto toda la ciudad se llenó de confusión. Todo era confusión. De hecho, la mayoría ni siquiera sabía por qué estaba allí.” (Hechos 19:24, 29, 32, Nueva Traducción Viviente).

Un alboroto que puso el punto más alto en la despiadada oposición de Satanás a la extensión del Reino de Dios.

Recuerde que al predicar, usted y yo estamos poniendo sitio a las fortalezas de maldad. Satanás no se quedará quiero. Eso obliga que usted afirme su vida en oración, delante de Dios.

Recuerde que no batallamos con armas físicas contra los ataques del mundo de las tinieblas, sino con armas espirituales, como señala el apóstol Pablo:

“Las armas que usamos no son las del mundo, sino que son poder de Dios capaz de destruir fortalezas. Y así destruimos las acusaciones. y toda altanería que pretenda impedir que se conozca a Dios. Todo pensamiento humano lo sometemos a Cristo, para que lo obedezca a él, y estamos dispuestos a castigar toda desobediencia, una vez que ustedes obedezcan perfectamente.” (2 Corintios 10:4-6, Versión Dios habla hoy)

No es en nuestras fuerzas sino en el poder de Jesucristo como derribamos fortalezas de las tinieblas en un país, una ciudad o un barrio.

Trazando estrategias

¿Qué hacemos en la lucha contra las fortalezas espirituales? Oración y resistencia, asidos de la mano de nuestro Salvador. Lo aconsejable es que, antes de emprender acciones evangelísticas en un lugar específico, identifiquemos varios aspectos que detallo a continuación:

Lugares donde se expende droga, antros de prostitución, lugares de encuentro de gnósticos, masones o tiendas esotéricas. Reconozca, de ser posible, a quienes tienen negocios de lectura del Tarot o de adivinación.

Consulte con las autoridades estadísticas sobre factores generadores de violencia: pandillerismo, robo, violencia intrafamiliar y asesinato, entre otros. Igualmente verifique cuáles son las enfermedades más recurrentes. Quizá se sorprenderá al descubrir que hay elementos comunes en todos los casos.

Investigue cuáles son las imágenes religiosas que se veneran en el lugar donde desarrollará avanzadas de evangelización así como las fiestas patronales. Generalmente constituyen las fortalezas demoníacas que por años e incluso siglos, han gobernado en la zona.

Cuando tenga un panorama claro, comience actividades de oración individual, en grupo, vigilias y tiempos de ayuno. De ser posible, haga caminatas por el sector, orando y ungiendo, declarando que la tierra le pertenece a Jesucristo.

¿El diablo se quedará estupefacto? Por supuesto que no; lo más seguro es que redoblará sus ataques, pero recuerde que usted y yo tenemos asegurada la victoria, como enseña el apóstol Santiago: “Por tanto, someteos a Dios. Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros.” (Santiago 4.7, La Biblia de Las Américas)

Nuestro Adversario espiritual no se quedará quieto, como refiere el Evangelio cuando Jesús envió a sus discípulos a proclamar las Buenas Nuevas de Salvación: “Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás, como un rayo que caía del cielo. He aquí os doy potestad de hollar sobre serpientes y sobre escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Mas no os gocéis de esto, que los espíritus.” (Lucas 10:17-20, Versión Reina Valera)

Usted y yo tenemos autoridad y poder de Dios. El mundo de las tinieblas no podrá avanzar en contra nuestra. Recuérdelo siempre: ¡Tenemos asegurada la victoria en Cristo Jesús!

En adelante, las jornadas de evangelización no las realizará haciendo acopio de su pericia o capacidad sino dependiendo de Jesucristo, quien nos hace vencedores en la batalla para recobrar los territorios que Satanás robó a causa del pecado del hombre.


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